viernes, 17 de febrero de 2012

Chagall

Marc Chagall
Lugar: Museo Thyssen Bornemisza, Madrid
Fechas: del 14 de febrero al 20 de mayo de 2012
Horario De martes a domingo, de 10.00 a 19.00 horas. Los sábados la exposición permanecerá abierta hasta las 23 horas. Lunes cerrado excepto lunes 19 de marzo, 30 de abril y 14 de mayo. Cerrado el 1 de mayo de 2012.El desalojo de las salas de exposición tendrá lugar cinco minutos antes del cierre.
Marc Chagall cultivó durante más de ochenta años un arte inspirado en el amor, los recuerdos, las tradiciones rusas y judías, los acontecimientos históricos o los hitos artísticos de los que fue testigo y en muchas ocasiones protagonista. Esta retrospectiva presenta su evolución artística en orden cronológico, así como los grandes temas que recorren la obra de este artista imprescindible para imaginar el siglo XX.
Organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid, y comisariada por Jean-Louis Prat, presidente del Comité Chagall, esta exposición será la primera gran retrospectiva dedicada al artista ruso en España y, como principal objetivo, destacará el gran papel que su obra ocupa en la Historia del Arte. Las salas del Museo Thyssen-Bornemisza expondrán trabajos de sus primeros años y de su periodo en París, la capital de la vanguardia en ese momento; también se recogerá su experiencia en la Rusia revolucionaria y en Francia, hasta llegar al exilio forzado en Estados Unidos en 1941. En las salas de exposición de la Fundación Caja Madrid la atención se centrará en el período americano y en su evolución artística posterior; se insistirá en los asuntos bíblicos que preocupaban al artista y en su relación con los poetas contemporáneos, además de presentar distintas obras de escultura, cerámica y vitrales
--Sala de Exposiciones Museo Thyssen:
El camino de la poesía
Rusia: Fuentes y tradiciones. Vitebsk, la ciudad natal de Chagall, albergaba una importante comunidad judía que vivía de las tradiciones del pasado, garante de su identidad. Era un mundo lleno de ritos y costumbres, que sin embargo ofrecían una gran resistencia a las innovaciones. Siempre atento a las manifestaciones de la vida, Chagall pinta la existencia cotidiana de su ciudad y de su familia, y también el alma del pueblo ruso.
Tradición y ruptura. El reto de Chagall a la pintura supone una auténtica ruptura con la tradición. Instalado en París en la década de 1910, se reaviva allí su querencia profunda por Vitebsk, por sus raíces culturales, ahora potenciado todo ello por la distancia. Los sueños pueblan entonces su imaginación, entre lo real y lo irreal, entre la tierra y el cielo
Lo sagrado y la poesía. Entre la vida íntima y el mundo infinito de sus sueños, lo sagrado ocupará siempre un lugar preponderante en la creación chagalliana. También la poesía será un recurso constante: poeta él mismo, será amigo de todos los escritores importantes de la época, desde Cendrars o Apollinaire hasta Breton, Aragon, Malraux…
Sueño y realidad. Suele ser la realidad lo que da el tono a los grandes temas que pinta Chagall, pero luego son los sueños los que a menudo los transforman de manera radical. Crea así un mundo insólito y maravilloso, desconocido en la pintura de la época.
La luz del color. La luz que impregna la pintura de Chagall nace de una paleta cuyos colores, de transparencias y tonalidades orientales, construyen las grandes secuencias de su obra. Chagall resume esa realidad pictórica en la palabra química.
Cuentos y fábulas. Almas Muertas de Gógol y las Fábulas de La Fontaine poseen el sentido de la libertad y de lo absoluto con que Chagall aborda a esos autores esenciales. Lo satírico y lo pintoresco tienen una presencia dominante en estos grabados, que captan en toda su viveza las elocuentes escenas de estos dos autores, uno ruso y el otro francés. Chagall ilustra estos dos grandes libros entre 1924 y 1927, por encargo de Ambroise Vollard. Serán editados en 1948 y 1952, respectivamente, por Tériade.
La Biblia y Palestina.En 1930, Ambroise Vollard le pide a Chagall que ilustre la Biblia. Antes de realizar esta serie de un centenar de aguafuertes, en 1931, el artista viaja a Palestina. El tiempo que pasa en Tierra Santa le marcará profundamente. La Biblia ha alimentado siempre su imaginario, pues le interpela de continuo sobre su identidad, sobre la autenticidad de sus raíces. Por su ferviente espiritualidad, son obras singulares y de enorme intensidad.
Lo sobrenatural. El poeta Guillaume Apollinaire calificó el arte de Chagall de ”sobrenatural”, evitándole así caer en la trampa de sus otros amigos, los surrealistas, para quienes el lugar de privilegio le correspondía al inconsciente. Como el hombre libre que es, renueva sin cesar, en contacto con la vida, sus fuentes de inspiración.
La guerra y el éxodo. La vida de Chagall recorre todo el siglo XX. Conoce dos guerras mundiales, la Revolución de Octubre en 1917, países y culturas diferentes, éxodos continuos. Pinta los desastres de la guerra y el infortunio del pueblo judío, pero no por ello pierde la esperanza que siempre ha tenido en el hombre y en su amor por la vida.
--Sala de Exposiciones Fundación Caja Madrid
El gran juego del color.
Regreso a Francia.Tras la Segunda Guerra Mundial, Chagall deja definitivamente los Estados Unidos. Va a rehacer su vida de nuevo en Francia, donde se establece en el sur, en Vence. Pinta también París, la belleza de esta ciudad que tanto ama, y sus monumentos: el Louvre, la Bastilla, Notre Dame, la Ópera…
Cerámica y escultura. La posibilidad de inventar formas nuevas y de controlar la acción del color sobre el barro permite a Chagall establecer fuertes lazos con un arte de tradición popular. En los años cincuenta inicia la aventura de la cerámica, que le llevará poco después a crear en otro mundo distinto, de materiales eternos, el mundo de la escultura.
El negro es un color. Con el tiempo, la paleta de Chagall va adquiriendo otras derivaciones. A veces se vuelve más sombría, con una nueva densidad de los negros y de sus contrarios, los blancos. El negro es así un contrapeso que vigoriza los sueños de la noche. El agente revelador será la límpida y viva aguada de tinta china.
Luces del Mediterráneo. Instalado en Vence, y después en Saint-Paul, localidades del sur de Francia en el que ha decidido vivir, Chagall recorre la región mediterránea. Su luz impalpable dota al color del cielo, en las obras de esta última época, de una condición de eternidad. La luz es, también, un vehículo de su fe en el hombre y en su pensamiento.
Destellos de la obra última. Con sus incursiones en otros medios, en otros soportes, la cerámica, la escultura y la vidriera, Chagall enriquece su obra con otra posibilidad de lectura. El corte de las telas y la viveza de los estampados intensifican el frescor y la energía de los gestos. Este esplendor revela también, en su producción última, una renovación de su poesía.
Libros. Chagall ha vivido siempre en contacto con escritores. Muchos poetas le han dedicado composiciones. Y él les ha fascinado con sus grandes libros ilustrados, iluminados por unas estampas en las que se reflejan sus pensamientos. Con ayuda de la litografía y del grabado a buril, da a su obra un nuevo e innovador impulso.
El Circo. Chagall ama el mundo de los animales y las gentes del circo. Canta la gloria de los payasos y de los equilibristas, transfigurados por el sonido de los músicos y de unos animales suntuosamente ataviados. La gran fiesta del circo amplifica los sueños del artista, que vivifica ese mundo mágico mediante el poder y el concurso del color. 
   

   


jueves, 16 de febrero de 2012

Lucian Freud, retratos

Exposición: Lucian Freud, retratos

Lugar: National Portrait Gallery, Londres

Abierto todos los días de 1000 a 1800, jueves y viernes hasta las 2100

Fecha: 9 de febrero al 27 de mayo de 2012

Lucian Freud (1922 - 2011) fue uno de los artistas más importantes e influyentes de su generación. Pinturas de personas fueron fundamentales para su trabajo y esta gran exposición, que abarca más de setenta años, es el primero en centrarse en su retrato.

Producido en colaboración estrecha con el fallecido Lucian Freud, la exposición se concentra en determinados períodos y grupos de cuidadores, que ilustran el desarrollo estilístico de Freud y el virtuosismo técnico. Pinturas interesantes de los amantes del artista, amigos y familiares, mencionado por el artista como el "pueblo de mi vida", mostrará el drama psicológico e implacable intensidad de la observación de su trabajo.

Con 130 obras procedentes de museos y colecciones privadas de todo el mundo, algunos de los cuales nunca han visto antes, esta es una ocasión única para experimentar la obra de uno de los más grandes artistas del mundo.

En la última gran exposición retrospectiva de Lucian Freud (1922-2011), presentada en Londres y Barcelona hace unos diez años, se llegaba fácilmente a la conclusión de que este artista casi no había cambiado en más de 60 años de trabajo. Sin embargo, en Lucian Freud Retratos, que acapara siete décadas de creación, el cambio es notable; de los retratos nítidos de línea pulcra y mirada precisa de los cuarenta a la carne sin piedad del hiperrealismo que le caracteriza a partir de los ochenta, pasando por una oscilante transición entre ambas formas de abordar la psicología humana.

"Siempre he querido crear drama en mis obras. Por eso, pinto personas". Así definió el pintor su elección de familiares, amigos o modelos para retratar, como la reina Isabel II, a la que plasmó en un lienzo de la medida de un folio A4, o al brigadier Andrew Parker Bowles, al que captó con uniforme bien surtido de medallas y galones, echado en un destartalado sillón. "Gente en mi vida", tildó a los que inmortalizó.

Sandy Nairne, director de la National Portrait Gallery, el museo que acoge la exposición de 130 obras del 9 de febrero al 27 de mayo en Londres, dijo el pasado verano a Público tras la muerte del pintor: "Freud ha colaborado activamente con nosotros para seleccionar las obras de la muestra; se nos ocurrió la idea de empezar la Olimpiada Cultural con retratos hechos por él, se lo comentamos y le gustó". A principios de agosto ya estaba casi todo listo para esta muestra que viajará después a EEUU.

Una de las herramientas de las que se sirve Freud, nieto del padre del psicoanálisis, es del uso de los espejos para crear perspectivas desafiantes y reflejos a su ojo y al del observador de sus cuadros. William Feaver, biógrafo del pintor, dice que Freud ha acarreado el mismo espejo por las tres casas que ha habitado en Londres desde su llegada de Alemania en la década de 1930. El espejo en cuestión ha ido del barrio de Paddington al de Maida Vale y de allí a Holland Park, oeste de Londres, donde murió el recluso artista, alérgico a la inauguración de sus exposiciones, las entrevistas o las apariciones públicas.

El espejo es notorio en muchas obras, como Reflejo con dos niños (Autorretrato), de 1963, un préstamo del Museo Thyssen de Madrid en el que su imagen se reproduce desde un espejo en el suelo y los niños aparecen vistos de frente. A pesar de que el espejo es imprescindible para los autorretratos, él lo utiliza para captar distintos ángulos.

Psicología y óleos

Con Hombre con una pluma, de 1943, arranca una exposición en la que la estructura cronológica constituye el hilo conductor que deshilvana la muestra de retratos y el modo de pintar durante 70 años. "Para mí, pintarse a uno mismo es más difícil que pintar a los demás, porque el elemento psicológico es más difícil de atrapar; no podría poner nada en el cuadro que no estuviese delante de mí", explicó Freud.

Lucian llevó una vida familiar poco convencional. Reconoció 14 hijos con seis mujeres (con una de sus exesposas no tuvo descendencia). Jane McAdam Freud es una de la gran prole, la mayor de los cuatros hijos del pintor con Katherine McAdam. Nacida en Londres en 1958, Jane se ha hecho un lugar propio en la producción de arte. Perdió el contacto con su padre de joven, pero recuperó el tiempo perdido en los últimos 20 años y estuvo mucho tiempo con él antes de morir. De esta relación han salido una serie de obras, Lucian Freud Mi Padre, que ahora expone en el Museo Freud, la casa que habitó Sigmund Freud al huir de la persecución nazi de 1938 hasta su muerte en 1939. Allí recibe a Público para hablar de su padre y del trabajo de ambos.

"Hasta los 8 años, mi padre era una presencia constante en mi vida, me dedicada mucha atención cuando yo pintaba o dibujaba, él trabajaba en el estudio adyacente a nuestra casa y venía a vernos a menudo", recuerda la escultora, que estudió arte en Roma y regresó a Londres de treintañera. Los 14 hermanos paternos nunca se han sentado juntos alrededor de una mesa, así y todo el padre tenía tiempo para cada uno de ellos por separado. "Pronto me di cuenta de que mi padre no era un padre convencional; si me preguntaban por él, cambiaba de tema o decía que trabajaba en una oficina", apostilla.

"En 1989, a mi regreso de Roma, mi hermana Bella [la diseñadora] me sugirió ir a ver a mi padre porque él había preguntado por mí y por mi trabajo. Yo quería verle de nuevo, pero me intimidaba el reencuentro, hasta que fui y resultó más natural de lo temido. Empezamos los dos a esculpir con cera y él me animaba y elogiaba mi trabajo", cuenta la hija, que tras el reencuentro con su padre planeó retratarlo.

El pintor no era de los que estaban quietos mucho rato, así que optó por la arcilla en lugar del dibujo. Escogió la arcilla como metáfora de la tierra y la naturaleza, principio y fin del ciclo vital. El busto está hecho para ser colocado en el suelo y es la obra principal en la exposición Lucian Freud Mi Padre, otras son retratos hechos a lápiz en su lecho de enfermo o descan-sando, con los ojos abiertos o cerrados.

Confianza para cambiar

"Me sentía privilegiada de trabajar con él y, para mí, era vital que yo ya tuviese un nombre y una profesión formada, ajena a su apellido y a su sombra. Pasé mucho tiempo con él en los últimos años de su vida, estaba enfermo y decidimos no hablar de su enfermedad, pero sí de arte. Pintó hasta tres semanas antes de morir", cuenta la hija de Freud, que explica el cambio en el estilo de su padre debido a la confianza que adquirió en sí mismo. "Al principio era muy ilustrativo. En cambio, después se interesa por el material y por la utilización del medio de forma libre. Uno no necesita pintar cada pelo de las pestañas para ir a la esencia básica si tiene confianza consigo mismo", añade Jane.

El pintor dejó su legado y su herencia atada y bien atada. De esto no se habla. No apunta a que la muerte del artista desencadene una lucha familiar por la herencia, como ocurrió con Pablo Picasso. Jane comenta al respecto: "No, no creo que veamos nada de rivalidades y luchas sobre qué le toca a quién; es mezquino, Sigmund lo llamaba el narcicismo de las pequeñas diferencias".

En esta cascada de consecuencias y coincidencias de exposiciones con la muerte del pintor, la galería Balin/Southern de Londres presentará un centenar de dibujos y obras sobre papel del fallecido. Pruebas y bocetos, algunos de los cuales tuvieron continuidad en óleos sobre lienzos. Lucian Freud Dibujos se abre al público del 17 de febrero al 5 de abril y se presentará en la galería Acquavella de Nueva York del 1 de mayo al 9 de junio de 2012.

Algunos han descrito su forma de trabajar como la danza del cazador. En pie, de noche, con el torso descubierto, los ojos clavados sobre su presa y los brazos y manos llenos de pintura. Las sesiones de posado en el estudio londinense del pintor Lucian Freud (1922-2011) suponían una extenuante experiencia física y psicológica para sus modelos. El nivel de entrega a sus exigencias era máximo. Y la intensidad de la personalidad de un artista hermético y apasionado, simplemente agotadora.

Pero las 130 obras, pintadas a lo largo de siete décadas, exhibidas desde hoy en la exposición «Retratos de Lucin Freud», en la National Portrait Gallery de la capital británica, desvelan un Freud amante de las criaturas que representaba. Un naturalista curioso ante el mundo a su alrededor, convertido en cirujano de las personalidades, pincel en mano en vez de bisturí.

«Su método de pintar es muy interesante. Todo era muy lento, daba cabida a la conversación, a que el carácter se manifestara, a crear intimidad con sus maniquíes y, al final, el resultado es un retrato con tantas capas que es imposible que una fotografía lo recoja», nos explica Sarah Howgate, comisaria de la exposición en la que trabajó Freud durante sus últimos años. «Exigía un compromiso increíble a sus modelos, pero todos sentían el privilegio de posar para alguien tan fascinante».

«Gente en mi vida»

Su mirada obsesiva busca los distintos sedimentos que la vida dejaba en sus retratados. Hasta que su pincel localiza en esos seres entregados al sacrificio pictórico la naturaleza animal que todo humano lleva dentro. El resultado son sus penetrantes retratos psicológicos, con ecos a veces de la sensualidad de Rubens, la franqueza de Rembrandt o la violencia de De Kooning, constitutivos en realidad de un universo artístico propio en el que es imposible separar los elementos técnicos de la personalidad de Freud y los estados de ánimo de sus retratados, a quienes Freud definía como «gente en mi vida».

«Cuando pintaba, no reconoce géneros, pinta con la misma pasión un hombre que una mujer o el fondo que elegía para cada cuadro, los pintaba como animales», explica a ABC Michael Auping, responsable de Arte Moderno en Fort Worth (Texas), que albergará la exposición tras su cierre en Londres el próximo 27 de mayo. «Era una persona muy reflexiva, muy visual, no le gustaba teorizar», dice, y recuerda una anécdota para mostrar la intensidad del personaje: «La primera vez que me entrevisté con él llegué 40 minutos antes a su casa por lo nervioso que estaba, pero llamé a la puerta solo dos minutos antes de la cita. “¡Llegas dos minutos antes!”, me gritó al recibirme».

La exposición sigue un orden cronológico, que permite observar la evolución de sus retratos de rostros en los 50 a la emergencia del cuerpo, a menudo desnudo, en los 60 y los 70. En «Chica en la cama» (1952), pinta a su segunda mujer, Caroline Blackwood, en el hotel parisino en el que residieron unos años. Su actitud es juvenil y ensoñadora. Nada que ver con el ser fantasmagórico corroído por la ansiedad que pintó en ese mismo lugar, solo dos años más tarde, en «Habitación de hotel», donde captura el momento de la ruptura del vínculo entre dos personas. «Me levanté y no volví a sentarme», dijo el pintor, a la vez que el hombre.

El nieto del creador del psicoanálisis nació en Berlín y emigró con sus padres en el 33, huyendo del nazismo. Para él, la relación con sus modelos como una «transacción». «Si tú hablabas, él dejaba de pintar, con lo que las horas se alargaban», explicó en su día el crítico Martin Gayford. Pintó a su madre, Lucie, durante años, su hija Bella posó durante más de dos años para el retrato expuesto, retrató a su primera mujer, Kitty, y a la segunda, Caroline, y representó a sus amigos artistas como David Hockney y Francis Bacon, al coreógrafo Leigh Bowery o al barón Thyssen (1983-1985) en el cuadro que abre la muestra. Amigos, familiares y conocidos desnudados por un pintor que buscaba, en realidad, la vida bajo la carne.

El último Freud en primicia

Una búsqueda que proyectó en sí mismo desde su primer autorretrato, «Hombre con una pluma» (1943), donde aparece vestido con traje y corbata y una pluma en la mano. En «Reflexión» (1985), las indagaciones en su propio yo llevan ya esta etiqueta de reflejo, fruto de la proyección de los espejos que usaba para pintarse, y de reflexión sobre sus adentros. «Intento verme de forma inesperada, intento pintar lo que realmente hay ahí, aquello que no veo o que no quiero ver de mi mismo», decía el pintor.

«Sometía a los mismos escrutinios a los objetos que a las personas o los animales, pero su mirada no es animal», nos comenta el curatorMarco Livingston. «Claro que hay aspectos violentos en lo que muestra, y sentarse para él durante meses puede ser hasta una forma de tortura, pero, a cambio, les estaba inmortalizando», dice.

La muestra, la primera gran exposición del artista en una década, se cierra con el retrato inacabado del galgo o «Portrait of the Hound», la obra en la que trabajaba cuando murió el año pasado y que se expone por primera vez. El cuadro forma parte, en realidad, de una serie de retratos de su amigo y asistente desde en la última década de su vida, David Dawson, y su perro Eli, de quien Freud no llegó a pintar sus cuartos traseros. Unos retratos «muy humanos, pintados con suavidad», en opinión de Howgate, que reflejan el amor del pintor-naturalista a ese paisaje humano inmediato en que se resumía la vida para él.


Para ver todas las fotos (26) pincha aquí.

Ver video de la exposición



jueves, 2 de febrero de 2012

Giandomenico Tiepolo (1727-1804)

Giandomenico Tiepolo (1727-1804)
Diez retratos de fantasía.

1 feb – 4 mar 2012

Lugar:Fundación Juan March Castelló, 77. Madrid

Horario Lunes a sábado: 11.00 a 20.00 hs. Domingos: 10.00 a 14.00 hs.

Con el propósito de ofrecer, junto a las grandes exposiciones, selectas muestras de formato reducido, la Fundación Juan March presenta la exposición Giandomenico Tiepolo (1727–1804). Diez retratos de fantasía, que por primera vez mostrará diez óleos sobre lienzo del pintor veneciano Giovanni Domenico Tiepolo. Giandomenico fue hermano de Lorenzo Tiepolo y ambos hijos de Giambattista Tiepolo, el patriarca de la saga familiar de artistas —la “factoría Tiepolo”, como la ha denominado Andrés Úbeda— que se desplazaron a Madrid en 1762 con la tarea principal de decorar al fresco varios techos del Palacio Real.
Procedentes todos ellos de una colección particular, se trata de diez pinturas de gran belleza, concebidas con toda probabilidad —por su unidad estilística, su idéntico tamaño y la similitud de atrezzo y actitudes de sus protagonistas— como una serie. Son diez cabezas, dos de las cuales corresponden a hombres de aspecto oriental, maduros y barbados; los ocho restantes a mujeres jóvenes y hermosas. Todos pueden fecharse en torno a 1768, durante la etapa española del artista. En sentido estricto, no pueden ser considerados como verdaderos y propios retratos. Sus personajes —engalanados con varios ornamentos y en actitudes diversas— representan no a personas concretas, sino más bien a tipos genéricos, mostrando rasgos y atributos característicos de un determinado grupo social, económico o intelectual. Así, los retratos masculinos ofrecen una visión de sus protagonistas a la manera de filósofos, hombres sabios y honorables de una Antigüedad soñada, mientras que los de las jóvenes, de desenfadada e inocente belleza, parecen responder a un modelo ideal de belleza femenina. Ambos tipos pertenecen a un género con una fecunda y larga tradición en Venecia, un género que recrea un mundo de fantasía que hunde sus raíces en el siglo XVII y cuyo maestro por antonomasia fue Rembrandt.
La exposición va acompañada de una publicación, con ensayos de Andrés Úbeda de los Cobos, Jefe de Conservación de Pintura italiana y francesa del Museo del Prado, que iluminan la intrahistoria de unas obras misteriosas, poco conocidas —“uno de los capítulos menos estudiados de la producción de la familia Tiepolo”— y nunca antes expuestas.
Una exposición recoleta en la que se presentan diez óleos nunca expuestos del pintor veneciano Giandomenico Tiepolo, sirve a la Fundación Juan March de enlace entre la pasada 'Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado' y la próxima de gran formato. Son diez pinturas que por su unidad estilística, su idéntico tamaño y la similitud de atuendo y actitudes de sus protagonistas, han sido consideradas una serie. Son diez cabezas, dos de las cuales corresponden a hombres maduros y barbados, y las ocho restantes a mujeres jóvenes y hermosas. Proceden de una colección particular española cuya identidad no ha sido revelada. Puede elucubrarse a gusto sobre el parecido de los dos varones y de las ocho mujeres respectivamente entre sí, pues se ignora si corresponden a modelos reales. Un detalle de clasicismo barroco, un pequeño oasis acogedor en el invierno madrileño.

Giovanni Domenico 'Giandomenico' fue hijo de Giambattista Tiepolo, el patriarca de la saga familiar completada por el otro hermano, Lorenzo. En1762, Giambattista Tiepolo (Venecia, 1696- Madrid, 1770) llegó a Madrid con el encargo de pintar al fresco la bóveda del Palacio Real. Su intención inicial era retornar a su patria al concluir esta pintura, pero en Madrid encadenó encargos sucesivos hasta su muerte. Vino acompañado sus dos hijos: Giandomenico y Lorenzo, que colaboraron con Giambattista hasta su muerte, originando muchas dificultades para individualizar la obra de cada uno de los tres Tiepolo.

Retrato de joven con lazo rojo en la cabeza c. 1768El caso es que G.D.Tiepolo (Venecia, 1727- 1804), en torno a 1768, durante su estancia en España, realizó esta serie que se cree que no corresponde a modelos concretos, sino más bien a tipos genéricos. Los retratos masculinos hablan de filósofos, de hombres sabios y honorables de una Antigüedad soñada, mientras que los de las jóvenes parecen responder a un modelo ideal de belleza femenina. Nada se sabe de su primer propietario, dónde se colgaron o qué impacto produjeron en sus contemporáneos. Las primeras noticias conocidas las sitúan en una colección particular del Puerto de Santa María (Cádiz), desde donde pasaron, probablemente después de la Guerra Civil española, a sus actuales propietarios.

Pertenecen a un género conocido como 'Retratos de fantasía', con una fecunda y larga tradición en Venecia, un género que inventa personajes y cuyo maestro por antonomasia fue Rembrandt. Existe otro juego formado por cuatro soberbias cabezas de viejo en la colección del marqués de Perinat (Madrid), y uno más se conserva en el Museo Lázaro Galdiano (Madrid), que, por estar integrado por ancianos barbados (una pintura) y mujeres jóvenes (otras cuatro), es el que más se aproxima al nuestro.

La información disponible sobre estas pinturas es tan escasa que resulta difícil responder incluso a las preguntas más obvias. Así, por ejemplo, ignoramos si llegó a existir un modelo de galería estándar, y, si así fue, desconocemos cuántos cuadros la integraban. No resulta posible tampoco especular sobre si, como ocurre en la colección que aquí se estudia, era frecuente combinar viejos barbados con mujeres jóvenes. Tampoco puede descartarse que en alguna de ellas se integraran retratos de jóvenes varones, conocidos a través de algunos ejemplos que han llegado hasta nosotros, o mujeres ataviadas a la oriental, de las que existen algunos ejemplos muy mediocres, quizás copias de originales tiepolescos actualmente desaparecidos.

Del éxito cosechado por Domenico con este género habla la diversidad de copias existente y la dificultad para atribuirlos correctamente a los diversos miembros de la saga familiar. Durante los ocho años de estancia en Madrid, su producción tuvo dos vertientes fundamentales. Por una parte, realizó una importante labor decorativa en el nuevo Palacio Real de Madrid, primero como ayudante de su padre en el fresco del Salón del Trono y más tarde como responsable de la decoración al fresco de siete salas, dos grandes y cinco de tamaño reducido, labor que realizó entre 1763 y 1765. Además, en su etapa española se datan algunas de sus obras al óleo más célebres, en las que se percibe un sorprendente aroma veneciano, como El Burchiello ahora en el Kunsthistorisches Museum de Viena, o La salida de la góndola, de la colección Wrightsman (Nueva York).

Lamentablemente, no existe información sobre sus eventuales clientes o sobre la recepción de pinturas tan ajenas a la demanda habitual en el mercado madrileño. Podemos considerar entre los eventuales compradores de sus pinturas a los integrantes de la colonia italiana, pero existen motivos para pensar que el universo creado por esta familia tuvo también una acogida positiva por parte de ciertos coleccionistas españoles cuyo nombre ignoramos.

A la muerte de su padre en 1770, y a diferencia de su hermano Lorenzo, que decidió permanecer en España, Giandomenico abandonó la corte para volver a Venecia, desde donde continuó trabajando para clientes españoles, concretamente para la iglesia de los clérigos regulares de san Felipe Neri de Madrid, para la que entre 1771 y 1772 realizó una serie de ocho pinturas de la Pasión de Cristo, que actualmente se conserva en el Museo del Prado. Pero se enfrentó con un panorama que presagiaba el final del exuberante mundo de los Tiepolo, sustituido por los partidarios del retorno a un ideal de belleza grecolatino.

Sólo quedaría saber algo sobre los modelos. ¿Es siempre la misma joven, es siempre el mismo joven? ¿Serían nobles o plebeyos? ¿Es ella una aristócrata española, es él un alto cargo de los ejércitos hispanos? Los que sufrimos de agtimatismo podemos refrendar la tesis.

((fuente: Misterio en la factoría de los Tiépolo))

domingo, 4 de diciembre de 2011

Gonzalo Bilbao, fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla

Exposición:

Gonzalo Bilbao, Fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla

Fechas: del 24/11/2011 al 4/03/2012

Lugar: Museo de Bellas Artes de Sevilla

La exposición Gonzalo Bilbao. Fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla permite mostrar, por primera vez, el conjunto de toda la obra del pintor perteneciente al Museo. La amplia obra del artista conservada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla presenta una visión muy completa de su trayectoria vital y artística. Se trata de uno de los creadores fundamentales en el tránsito entre los siglos XIX y XX, que contribuyó sin duda a la modernización de la pintura sevillana. Para explicar la vinculación con su medio artístico se ha contextualizado su obra poniéndola en relación con la de otros artistas que le precedieron o contemporáneos en los que ejerció o de los que recibió influencias.

La exposición, compuesta por 41 piezas (22 obras del pintor hispalense Gonzalo de Bilbao que hasta la fecha no se habían mostrado públicamente y permanecían en los fondos de la pinacoteca; estos 22 lienzos se suman a los ocho que ya se exhibían en la colección permanente del museo y que ahora, junto a otras once obras -artistas que influyeron en su carrera, como Joaquín Sorolla, José Villegas, José Jiménez Aranda o Cecilio Plá.y se completa con dos esculturas de Joaquín Bilbao, hermano de este pintor, figura señera en la cultura sevillana de entre siglos y uno de los protectores del Museo de Bellas Artes hispalens- conforman la exposición temporal 'Gonzalo de Bilbao. Fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla'), se divide en tres ámbitos diferentes; influencias, costumbrista y paisajes y un tercero dedicado a su obra cumbre Las Cigarreras. Un completo itinerario que exhibe desde obras tempranas hasta otras realizadas poco antes de su muerte. Asimismo, tienen cabida todos los géneros artísticos tratados por el artista a lo largo de su carrera, ya sean retratos, paisajes, escenas costumbristas o tipos humanos.

En la exposición se pueden contemplar lienzos como el de Las Cigarreras, un óleo de gran formato realizado por Bilbao en su etapa de madurez artística y ambientado en la antigua Fábrica de Tabacos de Sevilla. Se trata de una de las obras cumbre del pintor, en la que se exalta la sencillez y el esfuerzo de estas populares obreras. Además, hay retratos como el del rey Alfonso XIII o de su hermana Ana Bilbao, paisajes, escenas costumbristas o desnudos.

Con esta fórmula de "producción propia", sin patrocinadores y "contenida en presupuesto pero ambiciosa en objetivos", la Consejería de Cultura pretende, por un lado, reivindicar la importancia de los pintores sevillanos en la pintura moderna española y dar a conocer al gran público la producción de aquellos artistas, y por otro, mostrar sus fondos propios organizando muestras temporales que ubiquen al artista en su contexto social e histórico y su relación con los pintores coetáneos.

Para el consejero de Cultura, Paulino Plata, esta "ambiciosa" exposición es un fiel ejemplo de lo que debe ser un museo: "una institución muy viva sonde no solo hay obras de artistas sino donde también se investiga y se restaura". De hecho, la preparación de esta muestra ha permitido al equipo de trabajadores del Bellas Artes hacer una revisión a fondo de su obra, tanto a nivel de conservación preventiva y restauración, como de documentación, estudio e investigación, contribuyendo al mismo tiempo a ampliar la biografía sobre el artista sevillano, "escasa para la importancia que reviste su obra".

Así, en colaboración con expertos del Centro Nacional de Aceleradores (CNA) ubicado en Sevilla, los Departamentos de Difusión, Conservación e Investigación del Museo han aplicado técnicas de investigación no invasivas a los lienzos para estudiar tanto los materiales como los pigmentos utilizados por el pintor y analizar su trayectoria y evolución pictórica.

La metodología que se ha llevado a cabo ha consistido, entre otras técnicas, en la fotomicrografía de los tipos de tejidos, el análisis de las fibras de aquellas más representativas para determinar su naturaleza y la técnica no destructiva de fluorescencia de rayos X (XRF) para los pigmentos, cargas y preparaciones en 14 de las obras. Además, se han realizado fotomacrografías, resaltando aspectos característicos y técnicos, pinceladas, empastes y "gestos" del pintor en la ejecución de las mismas. y en su caso, restaurada. Y algunos de sus cuadros se han estudiado con técnicas de resonancia magnética y de rayos X, lo que ha permitido descubrir las técnicas de este pintor y cómo comenzó a usar las nuevas pinturas industriales de comienzos del siglo XX. Por último, se han observado y descrito los bastidores, tipos y particularidades de los mismos, documentándose y conservando cuantas etiquetas, sellos y marcas se han encontrado.

De este modo, se ha conseguido montar una "magnífica colección de cuadros" a la que, en opinión del consejero, "no le quita ningún valor el hecho de que sean fondos del propio museo". No en vano, en la exposición se pueden contemplar lienzos tan "impresionantes" como el de 'Las Cigarreras', un óleo de gran formato realizado por Bilbao en su etapa de madurez artística y ambientado en la antigua fábrica de tabacos de Sevilla. Se trata de una de las obras cumbre del pintor, en la que se exalta la sencillez y el esfuerzo de estas populares obreras.

Según Plata, gracias al atractivo de obras como esta y la variada temática de la muestra (se pueden ver retratos como el del rey Alfonso XIII o de su hermana Ana Bilbao, paisajes, escenas costumbristas o desnudos), el público tendrá la oportunidad de "conocer mejor" a este artista, uno de los más destacados de la pintura española de su tiempo y que estuvo muy vinculado a las principales instituciones culturales de Sevilla desde el regreso a su ciudad natal (tras viajar por París o Marruecos entre otras ciudades) a finales del siglo XXI.

Permite contemplar la producción de Bilbao -quien tuvo un gran éxito en su época, especialmente con sus retratos- con una nueva mirada en la que se percibe la influencia del impresionismo tras sus viajes por Francia, Italia y Marruecos. "En un momento de su carrera se detuvo más en la figura humana. Una especie de costumbrismo social muy particular porque él rompe con la tendencia del costumbrismo romántico", explica Muñoz, quien ha aprovechado la exposición para hacer una revisión a fondo de la biografía de Gonzalo Bilbao, muy unida a la historia del museo.

Bilbao huye de la imagen tópica que limita a la mujer a escenas folclóricas y las presenta como trabajadoras. El gran ejemplo de esta apuesta es, sin duda, su obra maestra: Las cigarreras, un enorme lienzo de 305 x 402 centímetros fechado en 1915 y en el que el pintor trabajó durante cinco años. Junto al conocido lienzo, en el que la arquitectura de la Fábrica de Tabacos y las cigarreras se convierten en un todo gracias a la luz, se cuelgan piezas protagonizadas por otras mujeres trabajadoras como Taller de bordadoras.

"La exposición pone de manifiesto su estrecha vinculación con el museo. Como académico primero, consiliario después y, finalmente, como presidente de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, institución a la que se encomienda la custodia del museo, cuyo patronato presidió desde 1925 hasta su muerte, aunque en sus últimos años ya no asistía a las reuniones", aclara la directora de la pinacoteca. Prueba de ello es que casi todas las obras de Bilbao que posee la pinacoteca las donó el propio artista o su familia, especialmente su viuda María Roy, quien protagoniza uno de los más bellos retratos de la muestra, fechado entre 1095 y 1910, y en el que aparece reclinada en un sillón con vestido de fiesta.

Relación de obras expuestas:






Retrato de Maria Roy







La madrecita 1909



















Buenos amigos 1899 Andres ParladeA conde de Aguilar






Claustro mayor de la Merced 1905







Retrato de Ana Bilbao1905

Retrato de Juan Caballos1962

Gonzalo Bilbao, Jose Gamelo y Alda 1933

Autoretrato 1855 Jose Villegas

Autoretrato Jose Jimenez Aranda 1868

Retrato de Luisa Ramos 1910

Retrato de Elena Sanchez Pineda 1890

Alegoria de Sevilla

Molino de alcala

Soldado adormilado

Gitana sentada

Cantaor mendigo

El beso materno, escayola patinada, 1904, Joaquin Bilbao

Retrato de Maria Roy, Cecilio Pla, 1891







Retrato de Flora Bilbao con mantilla, 1914








Retrato de Flora Bilbao barro 1896 Joaquin Bilbao






Marina costa cantabrica, 1928








Plaza de Zocover, 1910









Una noche de verano en Sevilla, 1905








La Casta Susana, hacia 1914

Estudio para el contraste de la vida, 1885 Jose Villegas

Señora con vestido blanco, 1900 , Jose Garcia y Ramos







La toilette, 1910







Las cigarreras, 1915







Interior de la fabrica de tabacos, estudio para las cigarreras 1911

Taller de bordadoras,






Retrato de Alfonso XIII, 1929






Retrato de Francisco Rodriguez Marin, 1934,

Retrato de Pedro Ruiz Prieto1924

Retrato de Fermin Alarcon de la Lastra, 1923

Retrato de Fray Diego de Valencina, 1915

Retrato de Jose Gestoso,1914

Retrato de Teresa Igual 1918





Desnudo femenino, marmol, 1904_1910, Joaquin Bilbao



Boceto de gitana con niño, 1900

Tipo de Avila, 1914, Joaquin Sorolla

Biografía:

Hijo de un pudiente propietario sevillano y hermano del escultor Joaquín Bilbao, se inicia desde niño en el dibujo alentado por José Jiménez Aranda. Por exigencia de su padre, emprende los estudios de Derecho, que alterna con los de pintura así como con los de música (llegando a ser organista).

En 1880 termina los estudios de leyes, carrera que nunca llegó a ejercer, dedicándose desde entonces con exclusividad a la pintura. Su padre, en premio a sus excelentes resultados, le costea un viaje a Italia y a Francia junto al pintor José Jiménez Aranda. Durante su estancia en París, visitaron numerosos museos, galerías particulares y estudios de algunos artistas franceses y españoles que se hallaban pensionados en la capital francesa.

En Italia permaneció por espacio de tres años, estableciéndose en Roma, donde estuvo trabajando en compañía del pintor José Villegas Cordero y viajó por las diferentes capitales italianas (como Nápoles y Venecia), donde pintaba vistas urbanas y rurales.

En 1884 vuelve a España. Es entonces cuando entra en relación con Palmaroli, que le sirve de consejero. Dos años después vuelve a Roma para quedarse allí por espacio de un año.

De vuelta de nuevo a España, su personalidad inquieta le impide acostumbrarse a la vida en Sevilla, de modo que se mueve constantemente por todo el territorio del país en busca de paisajes que pintar. Sus preferidos se encuentran en Toledo y Segovia.

No tarda en planear nuevos viajes, y emprende uno con Andrés Parladé para conocer Marruecos. De allí parte para París, donde quiere conocer las últimas tendencias artísticas y aprovecha para vender los cuadros que produjo en su estancia en Marruecos (también hizo venta de los mismos en Múnich).

A su regreso a España, continúa su actitud viajera, visitando Fuenterrabía, Toledo, Jerez de la Frontera (Cádiz) y Sevilla entre otras ciudades.

Ejerció también de profesor de pintura, primero de modo particular y a partir de 1903 como sucesor de José Jiménez Aranda en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla, siendo discípulos suyos, entre otros, Vázquez Díaz y Eugenio Hermoso. En 1904 contrae matrimonio con María Roy Lhardy, hija de un banquero francés y madre suiza afincado con residencia en Madrid.

También fue aprendiz de los copistas del Museo del Prado, reproduciendo obras de Velázquez, Francisco de Goya.

A su muerte, su viuda donó al Museo de Bellas Artes de Sevilla una importante colección de sus obras, consagrándole de esta forma una sala permanente en el mismo. Le sucedió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid el pintor extremeño Eugenio Hermoso que había sido discípulo suyo en Sevilla.