domingo, 19 de julio de 2009

José Jaime Capel Molina

José Jaime Capel Molina es natural de Gádor (Almería) dónde nació en 1949. Estudió Bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Almería (hoy Celia Viñas) y la Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Granada. Ocupó plaza de profesor en el Colegio Universitario de Almería en 1973, doctorandose posteriormente (1975) . Profesor titular de Geografía Física en la Universidad de Murcia y desde 1996 Catedrático de Geografía Física de la Universidad de Almería.
Comenzó a dibujar en 1985 y aunque su padre José Capel dibujaba y pintaba, José Jaime ha sido autodidacta. De 1991 a 1994 asiste ("sólo para mirar como pintaba" -según él) al taller del pintor Enrique Cascajosa del que confiesa sentirse impregnado por su “preciosismo” y “calma” en la realización de sus cuadros. Ha realizado cuatro exposiciones (Museo Provincial de Bellas Artes de Murcia en julio de 1987, Aula de Cultura de Unicaja Almería en enero de 1988 y diciembre de 2003 y Museo de la Universidad de Murcia en diciembre de 2005). Tiene previsto para finales de 2009 o primer trimestre de 2010 otra retrospectiva en la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Gádor



Lirios y jarrón azul
oleo sobre tabla 83 x 61


Bodegón de otoño
Oleo sobre tabla - 122 x 85 cm


Rosa Julia
Oleo sobre tabla - 33 x 22 cm


Bodegón de calas
Óleo sobre tabla - 80 x 100 cm


Rosal Gaujard
Oleo sobre tabla - 122 x 81 cm


Bodegón de las rosas
Óleo sobre tabla - 100 x 65 cm


Calas de Vietnam (1)
Oleo sobre tabla - 122 x 81 cm


Calas de Vietnam (2)
oleo sobre tabla - 122 x 81 cm


Rapto de Europa
Oleo sobre tabla - 61 x 81 cm


Hortensias
Oleo sobre tabla - 122 x 75 cm


Bodegón de pensamientos
öleo sobre tabla - 80 x 40 cm

Gádor
Óleo sobre tabla - 122 x 90 cm


Chanel nr 5
Oleo sobre lienzo - 50 x 61 cm


Clavel
Óleo sobre tabla - 24 x 35 cm


Bodegón de la mariposa
Óleo sobre tabla - 33 x 50 cm


Tintero turco
Óleo sobre tabla - 35 x 40 cm


Pensamientos
Óleo sobre tabla - 28 x 18 cm


Higos
Óleo sobre tabla - 33 x 22 cm


Rosas en jarra
Óleo sobre tabla - 60 x 40 cm


Rosas Marquesa de Urquijo
Óleo sobre tabla - 122 x 81 cm


Bodegón limones
Óleo sobre tabla -


Dalias. Lanjarón
Óleo sobre tabla - 90 x 122 cm


Pensamientos
Óleo sobre tabla - 40 x 30 cm


Jardín interior de Hué (Vietnam). Nenúfares y lotos
Óleo sobre tabla - 122 x 170 cm


Lirios. Sierra del Gigante.
Óleo sobre tabla - 180 x 122 cm


Críticas de sus exposiciones:

Museo de la Universidad de Murcia
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Exposición: "Naturalezas Vivas" De José Jaime Capel Molina, del 13 al 30 de Diciembre de 2005

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A lo largo de la historia, el concepto de pintura, como una de las ramas de las bellas artes, ha ido evolucionando hasta considerarse como obra de arte, el resultado de utilizar simplemente los colores para cubrir un entorno o espacio que, sin necesidad de definir o contener formas realistas, sean capaces de comunicar reacciones y mensajes subjetivos, sin que necesariamente lo interpretado tenga que relacionarse con la intencionalidad del artista.
No es el caso de la obra que nos presenta el pintor José Jaime Capel Molina, ni en su intención ni en su forma. El artista nos muestra dentro de un marco puramente conceptual y realista, un mundo onírico por lo perfecto cuya fantasía se derrama y provoca coloristas poemas florales en donde sus protagonistas, los "galanes" y las "damas" que habitan los jardines, adquieren un lenguaje peculiar al ser interpretadas tan fidedignamente por los pinceles del artista. Creo que en José Jaime más que una intención de mostrarnos el contorno y el espacio de dónde viven sus "personajes", existe una clara propuesta y empeño de que nos embriaguemos de sus aromas a través de la bella y cuidada representación que de ellos hace. Así los iris, en sus distintas variedades de silvestre, germánico, o de la Capadocia, las petunias, los hibiscus, las rosas, las magnolias, los amarilis de Ceilán, las calas, las orquídeas, los lotos, los nenúfares, la flor de lis, y toda una singular guirnalda de escogidas flores y sazonados frutos, adquieren un porte de nobleza y distinción, a través del lenguaje pictórico y poético del artista. Evocaciones que nunca se quedan en la intención, sino que se reafirman en la deleitosa contemplación de la muestra y en la que consigue transmitirnos toda la ternura que la naturaleza le inspira.
Su cuidada y formal técnica pictórica, en donde no apreciamos espacio alguno que haya sido resuelto merced a la improvisación, parte de la perfección y seguridad del trazo en el dibujo, para posteriormente enriquecerlo con el color, cuando éste cubre sus parcelas con preciosas y precisas gamas de tonalidades, vibraciones y reflejos que el artista utiliza para sorprendernos cuando contemplamos la realidad representada. Todo está vivo, palpitante y hasta insinuadamente oloroso. No ha lugar en la obra de José Jaime para la "naturaleza muerta", puesto que hasta las flores cortadas nos las muestra gozosamente levitando, por un capricho del artista, tras las diáfanas transparencias y brillos del cristal, de los jarrones y copas que las contienen.
El asombro y la admiración nos asaltan cuando en su obra contemplamos las flores, con una pedagogía más propia de un amoroso y experto jardinero, que de un pintor. La maestría en la fusión de tonalidades es otra de las técnicas que utiliza para conseguir ese efecto hiperrealista a que nos tiene acostumbrados. Para José Jaime no existe flor que se haya resistido a revelarle sus secretos. Al pintarlas no se queda en la superficialidad de las formas, sino en la esencia de sus olores a través de la eclosión del color que las impregna. Así son de un blanco carnoso los cilíndricos cálices de las calas, como de luminosos morados y amarillos los pétalos de los iris y de un sorprendente ocre dorado las otoñales margaritas de "botón de rey", por citar algunos ejemplos. Pero toda es interpretación de la geografía floral alcanza su punto álgido en el homenaje, a gran formato, que le dedica a los lirios silvestres que crecen a los pies de la sierra del Gigante en las estribaciones de Vélez Rubio. Todo un canto a la naturaleza y su hábitat.
Más que una muestra pictórica, definiría esta exposición como un exuberante jardín, en donde el artista nos transporta a ese su mundo, mágico y floral. Con ella y sin lugar a dudas, José Jaime Capel Molina, se acredita y consolida no solamente como un reconocido y excelente pintor de flores y frutos, sino también y por antonomasia, como un indiscutible "Pintor de sus Fragancias".

Antonio Labaña Serrano
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Campus Digital:

José Jaime Capel Molina, pintor y profesor de geografía, expone 'Naturalezas Vivas' en el museo de la Universidad de Murcia

"Mi obra es una proyección estética para hablar de mí"

Paqui Hernández-Ardieta

Alejandro Valera Labrado

Rosas, calas, lirios de agua, nenúfares, magnolias, hibiscos, colores y pensamientos definen cada cuadro de José Jaime Capel Molina. El color da vida a esos vegetales muertos que el autor resucita y los convierte en 'Naturalezas vivas', nombre de la exposición de este almeriense que se pudo ver hasta el 30 de diciembre en el Museo de la Universidad de Murcia (Cuartel de Artillería).
Capel Molina pinta "un mundo florístico y botánico" . Él mismo define su obra como "una proyección estética para hablar de mí".
Paisajes vivos, con luz propia, sin sombra y pinturas desnudas que muestran lo más íntimo del autor, pero de forma discreta. La obra de Capel refleja el paisaje del Sureste, entre Murcia y Almería. El pintor retrata las flores y las hace suyas. "Son regeneraciones al detalle", destaca el autor, quien añade que pinta lo más profundo de su interior.
Profesor de Geografía física en la Universidad de Almería, Capel es un gran amante de las plantas y de los viajes. Molina explica que estas cincuenta y dos obras de las que está compuesta la exposición son recuerdos de sus viajes por todo el mundo, así como a Méjico, Irán o la India.
De esta manera, perdido en el vacío, piensa y, minutos después, confiesa que una de las plantas más extrañas que ha visto ha sido el Abies, "el pino más longevo de la tierra con más de 2.000 años", concluye Capel.
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http://empresistasalmeria.bitacoras.com/

Exposición: Óleos de José Jaime Capel Molina (Aula de Cultura de Unicaja)


11-01-2007

Exposición: Óleos de José Jaime Capel Molina
Lugar: Aula de Cultura de Unicaja, Paseo de Almería, 69 (Almería)
Del 10 al 23 de Enero de 2007

Han pasado más de dos décadas desde la primera exposición de José Jaime Capel Molina en el Mueso Provincial de Bellas Artes de Murcia. A ella se sucedieron otras dos en Almería, y la celebrada antaño en el Mueso de la Universidad de Murcia. Ambas ciudades comparten su presencia personal, y por tanto, profesional y artísitica.
Como buen geógrafo, su interés por viajar no tiene límites. Ha conocido una amplia diversidad de paisajes y culturas, y lo que es más importante ha recibido su influencia y ha sido capaz de llevarla a sus lienzos. El resultado está en la atmósfera que emana de sus cuadros. Las flores y las frutas han sido desde siempre el eje de su línea temática, a la que se incorpora en esta ocasión la figura humana. Toda su obra se define por una búsqueda deliberada de la belleza.
La contemplación de su obra me lleva a coincidir con la opinión de Juan Carlos Savater que considera que "la mayor estupidez que puede cometer un artista es la de hacer esfuerzos por ser actual y que si merece la pena hacer algún esfuerzo es por ser extemporáneo".
Cayetano Espejo Marín.


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Algunas poesías de José Jaime Capel:




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Gádor, 20 enero de 2013

La Procesión en honor al Patrón de la Villa es uno de los actos más destacados estas fiestas patronales de invierno.

Los gadorenses han mostrado su cariño y devoción a San Sebastián, Patrón de la Villa de Gádor, en cuyo honor se celebran este fin de semana las fiestas de invierno de la localidad. El tiempo desapacible y frío reinante, no ha sido impedimentos para que los gadorenses se echen a la calle para tributarle la devoción y el afecto que le profesan, sacando en procesión la imagen del Santo Mártir por las calles del municipio, para agradecerle los beneficios concedidos a lo largo de este año y solicitar su protección y amparo en estos momentos de especial dificultad. Los actos religiosos en honor a San Sebastián se iniciaban con una Solemne Misa en la Iglesia de Santa María de la Villa de Gádor, al término de la cual el cura párroco, Victoriano Montoya, se ha dirigido a las numerosas personas presentes en la homilía para recordarles, que el testimonio de fe y compromiso de San Sebastián sigue presente en nuestros días y, que este Santo cuya protección se invoca tradicionalmente en momentos de especial dificultad, es un referente ante la dura situación socioeconómica que se está atravesando debido a la crisis. Por ello, ha pedido a todos los gadorenses que no duden en rezar para pedir su amparo y protección y darle gracias por los logros conseguidos. La Santa Misa ha sido oficiada conjuntamente por el vicario general de la Diócesis de Almería, Tomás Cano Rodrigo y el cura párroco de Gádor, Victoriano Montoya Villegas, a cuya celebración religiosa ha asistido el subdelegado del Gobierno, Andrés García Lorca, con motivo de la celebración de las Fiestas Patronales de la Villa. En el transcurso de la celebración religiosa se ha bendecido el cuadro de San Sebastián realizado por el catedrático de la Universidad de Almería y reconocido pintor autodidacta, José Jaime Capel Molina, cuya donación podrá ser contemplada a partir de ahora por cuantos lo deseen en el Templo Parroquial de Gádor. La Misa ha concluido con la interpretación del Himno en honor a San Sebastián y acto seguido, el estruendo de cohetes ha anunciado el inicio de la Solemne Procesión con la imagen del Patrón, desde el Templo Parroquial de Santa María de la Villa de Gádor, acompañado por autoridades, miembros de cofradías y hermandades y vecinos de la Villa. El cortejo lo cerraba la Asociación Musical de Gádor. El itinerario de la Procesión ha descendido desde el templo por la calle del Barranquillo hasta la Plaza de la Ermita. Allí un alto obligado como es tradición para ver el Castillo de Fuegos Artificiales, que ha llenado de un estallido luz y color la noche gadorense. Luego ha tomado en dirección calle La Paz, para desembocar en la Avenida Andalucía y encaminarse hasta la Plaza de la Constitución y para encerrarse desde ahí nuevamente en el Tempo, donde la imagen de San Sebastián permanecerá hasta el próximo año.


 


Francisco Martínez Martín

FRANCISCO MARTÍNEZ MARTÍN


Nacido en 1938 en Almería dónde sigue viviendo actualmente. Profesionalmente ha desarrollado su trabajo durante 42 años en la S.E. Correos y Telégrafos jubilándose hace 11 años. Con 18 años se matricula en la Escuela de Artes y Oficios de Almería dónde estudia Dibujo Artistico.

Admirador de Julio Visconti, comienza a pintar acuarelas aunque actualmente utiliza el óleo. Desde 2004 asiste al taller de dibujo y pintura de Unicaja en el que ha continuado durante cinco años con la profesora María del Mar Martínez Jiménez participando en todas las exposiciones de este Taller en los años 2004, 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009.

Algunas de sus obras:


-Marina,
Acuarela


-Sierra de Cazorla,
Óleo sobre lienzo,


-Morenita,
(copia de original) Óleo sobre lienzo,

-Alpujarra,
copia de Bonillo, óleo.














-Marina,
Oleo


-Belén, retrato
óleo


-Dr. Eliseo García Castileira


-La Chanca,
Óleo


-Mendigo,
acuarela


jueves, 18 de junio de 2009

Settecento Veneciano. Del Barroco al Neoclasicismo

Settecento Veneciano. Del Barroco al Neoclasicismo

Museo de Bellas Artes de Sevilla

17 de junio a 13 de septiembre de 2009

Con la exposición"Settecento Veneciano. Del Barroco al Neoclasicismo" se pretende ofrecer una muestra, lo más completa posible, de la producción artística veneciana del siglo XVIII, con obras pertenecientes a colecciones museísticas y privadas italianas.

En el arte veneciano dieciochesco la pintura figurativa y la pintura de veduta y paisaje se compenetran, conviven, mostrando así la evolución de una explosión de gracia, riqueza cromática y vitalidad cultural que invadió y sedujo a toda Europa. Ya se anunciaba ese futuro éxito en el arte de Antonio Balestra y de Antonio Bellucci que, siendo uno de los primeros artistas viajeros de aquel tiempo, dejó los confines de la República lagunar para conquistar las cortes bávaras.

Con Marco y Sebastiano Ricci, con Gian Antonio Pellegrini y Rosalba Carriera el estilo y el color venecianos sedujeron a los grandes coleccionistas europeos; pero, quizá, fue Jacopo Amigoni el más internacional de los artistas venecianos: pasando de las cortes alemanas a la corte inglesa, finalizó su vida en Madrid, tras haber sido, durante cinco años pintor de corte de dos reyes españoles. Antes de su desaparición tuvo en Madrid contacto con el que fuera, seguramente, el mayor talento del siglo, Gian Battista Tiepolo, al que acompañaba su hijo, Gian Domenico, destinado éste a conducir a la pintura veneciana hasta el mundo neoclásico.

La veduta y el paisaje son las expresiones artísticas más importantes del arte veneciano, con las que se definen luces, atmósferas y un increíble juego de reflejos y de claroscuros: de Carlevarijs a Canaletto y Bellotto, de Marieschi a Guardi, hasta Cimaroli, Zuccarelli y Zais, se recoge en las telas la transformación, la evolución y, en definitiva, la decadencia de una sociedad artística y humana que plasmó con el pincel capítulos fundamentales del arte italiano.

Respecto al vasto panorama artístico veneciano del siglo XVIII se ha optado por proponer algo más de cincuenta obras, a fin de presentar un precioso diccionario de la época. Las obras escogidas para cada autor proceden todas de colecciones italianas, museos, fundaciones y colecciones privadas, y tienen como común denominador una absoluta calidad, un pedigrí, atestiguados por la bibliografía. Poder exponerlas, una al lado de otra, ofrecerá la ocasión, rara e irrepetible, de acercarse a la fuerza de seducción de la pintura veneciana del siglo XVIII.



Comisariada por Annalisa Scarpa


La exposición Settecento Veneziano. Del Barroco al Neoclasicismo ofrece una selección de las mejores pinturas venecianas del siglo XVIII. La pintura figurativa, el paisaje y las vedute fueron las expresiones artísticas más importantes de la Venecia del Settecento y están representandas en esta muestra. En todas las obras (52 en total) puede percibirse la tradicional riqueza cromática veneciana junto a la explosión de gracia dieciochesca y los juegos de luces y claroscuros que caracterizan a estos pintores.
La pintura veneciana de Settecento ejerció una gran influencia en Europa, en parte, por el propio carácter itinerante de los artistas y, en parte, porque el estilo y el color veneciano supo seducir a los grandes coleccionistas europeos.
Settecento Veneziano. Del Barroco al Neoclasicismo se perfila como la muestra más completa sobre la pintura veneciana realizada en España al contar con todos los grandes artistas de ese siglo.


Kees Van Dongen - Museo Picasso Barcelona

KEES VAN DONGEN

Del 11 de junio al 27 de septiembre del 2009

Museo Picasso - Barcelona

Kees Van Dongen desempeñó un importante papel en las grandes revoluciones artísticas de comienzos del siglo XX, sobre todo en el marco del fauvismo . Esta exposición muestra la trayectoria del artista, desde sus años de formación hasta la cima de su carrera. Van Dongen coincidió por un tiempo con Picasso en el Bateau-Lavoir, y las relaciones personales y estéticas que mantuvieron son abordadas detalladamente en esta muestra. Nacido en un barrio cerca de Rotterdam, fue en París donde se desarrolló su carrera artística desde 1897.

La extravagancia y violencia de sus cuadros tuvieron repercusiones fuera de Francia, y especialmente entre los miembros del grupo expresionista alemán Die Brücke. Sumados a su gusto por el orientalismo, contemporáneo del cultivado por Matisse, estos rasgos hacen de Van Dongen una de las figuras pioneras de las vanguardias. Sus obras, brillantes e impúdicas -ocasionalmente comparadas con “prodigiosos excesos de luz, calor y color”- constituyen testigos excepcionales de la voluntad del artista de afirmar su propio estilo en el arte moderno, al nivel de Matisse o Picasso.

La muestra está organizada cronológicamente y en ella se abordan los diferentes ámbitos en los que se expresó Van Dongen: la pintura, que en opinión de Élie Faure utilizó para “escribir el poema sensual del mundo”, así como también su trabajo como ilustrador y su obra gráfica. Asimismo, en esta exposición se destaca una perspectiva inédita del artista, gracias a recientes investigaciones sobre su obra y a una selección de piezas poco conocidas hasta la fecha.

AMBITOS

Entre Rotterdam y París. Años de Formación
Sala 1

Van Dongen, mientras estudiaba en la Academia de Artes y Ciencias de Rotterdam, realizó sus primeros cuadros en tonos oscuros, a la manera de Rembrandt, el maestro del claroscuro. En sus obras de juventud, realizadas a mediados de la década de 1890, Van Dongen muestra afinidades personales con la pintura de Jozef Israël, el “Rembrandt del siglo xix”. Después, Van Dongen realizó una serie de paisajes holandeses en el Voorhaven de Delfshaven, un barrio del siglo xvii, situado a la entrada del puerto de Rotterdam, donde vivió la familia del pintor.

La paleta del artista comienza a iluminarse, y estas composiciones ya delatan un sólido talante modernista, inspirado en los encuadres de la fotografía y el cine (Zelandesa). En este contexto de juventud, la realización, en 1895, de Autorretrato o Autorretrato en azul y Caballo pío, verdaderos manifiestos pictóricos modulados bajo el signo de la autorrepresentación y la alegoría, son precursores de su excepcional destino.

Cuando Van Dongen se trasladó definitivamente a París, en 1899, decidió instalarse en la colina de Montmartre, donde pintores pobres de tres al cuarto, coristas de revistas musicales y cabarets, prostitutas, marginales de toda clase y burgueses extraviados formaban una sociedad subterránea que acabaría inspirando su universo gráfico y pictórico.



01 Kees Van Dongen - Caballo pío - 1895-1907 - Óleo sobre lienzo - 201 x 293,3 cm - Nouveau Musée National de Monaco - Inv. 2008-7-1 - © NMNM Foto: Marcel Loli - © Sucesión Kees Van Dongen, VEGAP, Barcelona 2009

París, el dibujo
Sala 2

Van Dongen abandonó el estilo simbolista de sus inicios (ilustraciones para la revista De Vrije Kunst) por un realismo de fuertes connotaciones sociales, que alcanzó su punto álgido con sus dibujos sobre la guerra de los Boers realizadas para la revista satírica holandesa De Ware Jacob.

Van Dongen desarrolló a partir de esta época una marcada predilección por el carácter pintoresco de los distritos rojos de Rotterdam, Amberes, Amsterdam y París, con sus casas de citas con farolillos rojos y sus mujeres públicas expuestas en las vitrinas. El dibujo le permitía observar sin ser visto y realizar escenas de marcado realismo. Así lo recordaba el artista: “Alquilé una habitación en una de aquellas casas. Allí dibujaba mis tonterías, a la luz de un quinqué.”

En París dejó de pintar, entre 1900 y fines de 1903, posiblemente por imperativos económicos. En esos años, gracias a Théophile Steinlen, comenzó a colaborar con diarios satíricos (L’Assiette au beurre, Le Rire, L’Indiscret, L Frou-Frou, etc). Ilustró un número completo de la revista L’Assiette au beurre (26 de octubre de 1901) , dedicado al tema de la prostitución y centrada en la condición de las prostitutas.

A través del dibujo, Van Dongen reforzó sus ideas políticas anarquistas, mientras iba ganando en madurez expresiva.





02 Kees Van Dongen - La escalera de la Ópera - 1901 - Tinta negra y acuarela sobre papel vitela - 46,5 x 58,6 cm - Nouveau Musée National de Monaco - Inv. 2005.4.8 - © NMNM Foto: Marcel Loli - © Sucesión Kees Van Dongen, VEGAP, Barcelona 2009

Del tachismo al fauvismo
Sala 3

En 1904 Van Dongen organizó su primera exposición individual en la galería de Ambroise Vollard, con más de un centenar de sus obras: cuadros con paisajes de Holanda, París y la costa normanda, una muestra significativa de los cuales puede verse en esta exposición.

Van Dongen se muestra aquí seguidor de sus contemporáneos, los impresionistas y Claude Monet, pero rápidamente se forja su propio lenguaje, definido por la turbulencia y el tumulto de colores y formas y tributario del divisionismo de Paul Signac y su compatriota Otto van Rees. Tachista convencido, Van Dongen extrema la utilización de la pincelada espontánea de color (un crítico definirá su estilo como “pinceladas yuxtapuestas como secando el pincel”). La serie El tiovivo de cerdos ilustra esta nueva y personal via del artista, que lo acercará al fauvismo.

Van Dongen presentó otras dos obras en el Salon d’Automne de 1905, que inspiró al crítico Louis Vauxcelles la célebre definición “Donatello chez les fauves” [Donatello entre las fieras], y casi simultáneamente expuso en la galería Druet un conjunto de cuadros marcados por lo que este mismo crítico definió como “torrenciales orgías de color”.

El periodo tachista de Van Dongen llegó a su apogeo con el lienzo monumental En la Galette, presentado en el Salon des Indépendants de 1906, una obra magistral concebida como un verdadero manifiesto en respuesta a la contribución de Henri Matisse. Posteriormente, el artista se vio obligado, para satisfacer la demanda del mercado, a dividir esta obra maestra en seis lienzos autónomos, tres de los cuales ha sido posible reunir en esta exposición.

*tachismo (del francés tache, mancha), tipo de pintura abstracta característica por el uso de toques de pintura o manchas irregulares de colores).



03 Kees Van Dongen - Carrusel o El tiovivo de cerdos - 1904-1905 - Óleo sobre lienzo - 55 x 46 cm - Colección particular - © Foto: Jane C. Wright - © Sucesión Kees Van Dongen, VEGAP, Barcelona 2009



El Bateau-Lavoir. En compañía de Picasso y Fernande
Sala 4

A partir de 1905, Van Dongen vivió en el Bateau-Lavoir, un inmueble insalubre de la parte alta de Montmartre, junto con su mujer Guus y su hija Dolly. El taller que ocupaba estaba junto al de Picasso, y los dos artistas forjaron sólidos lazos de amistad. La compañera de Picasso, Fernande Olivier, ha dejado constancia en sus memorias (Picasso y sus amigos y Recuerdos íntimos) de lo estrechas que llegaron a ser las relaciones entre ambos y los miembros de su entorno.

Van Dongen y Picasso compartían el mismo gusto por “la elegancia provocadora y bárbara” de la mujer, un legado de la tradición de Baudelaire: verdaderos “pintores de la vida moderna”, les seducía el circo más que el teatro, y se sentían atraídos por el mundo de las prostitutas y las bailarinas de barracas de feria. “Barracas, domadores de perros, mendigos, también bandidos, quién sabe, ¡todos camaradas!”, reconocía Van Dongen.

Desde que se había instalado con Picasso en el Bateau-Lavoir, Fernande había dejado de trabajar como modelo para los pintores de Montmartre, una actividad que desarrolló en exclusiva para su amante, proverbialmente celoso. Tal vez debido a la breve separación de la pareja a fines de agosto de 1907, o a lo mejor porque Picasso acabó aceptando que Fernande trabajara en su domicilio, el caso es que Van Dongen pintó una serie de retratos de Fernande, de factura muy diversa, que se convirtió así en su modelo favorita, junto a su esposa Guus. A través del personaje de Fernande Olivier, Van Dongen revisa una serie de figuras femeninas y las proyecta en su nueva modelo, exaltando siempre la dimensión sensual: de la frágil y delicada cortesana a la recia española, pasando por la prostituta embotada por la absenta. Son exploraciones en el arte del retrato, que Van Dongen llegó a dominar magistralmente, definidas por encuadres muy ajustados y ángulos sorprendentes que hacen de esta parte de su obra un sutil cruce entre expresionismo pictórico y toma fotográfica.


Los años «fauves»
Sala 5


El lenguaje de Van Dongen fue evolucionando hasta adoptar una variante del expresionismo. Las escenas de júbilo colectivas del Moulin de La Galette o el baile de la Mattchiche dejaron paso con el tiempo a los retratos.

En el Bateau-Lavoir fue testigo, en 1907, del nacimiento de Les Demoiselles d’Avignon de Picasso, obra fundacional del cubismo. Van Dongen no participó en esta revolución plástica, aunque después dijo, para justificarse: “ un arte que se limite a ser sólo ciencia sería un suicidio”.

Su pintura, centrada cada vez más en la mujer, manifiesta un erotismo a contracorriente de su época. El poeta Guillaume Apollinaire reaccionó ante su obra poco menos que ruborizándose, y censuró con dureza al “pintor de las vergüenzas urbanas”. Élie Faure evocaba el calor que transmitían aquellos cuerpos, así como una bestialidad a la que acababa rindiéndose la inteligencia. Van Dongen no se cansaba de afirmar que la impudicia era una virtud. En aquel contexto de cambio radical y sin precedentes en las reglas de la composición pictórica occidental vigentes desde el Renacimiento, Van Dongen defendió sus propias orientaciones estéticas en un cuadro como Las luchadoras o Las luchadoras del Tabarin, en el que la redefinición de la espacialidad del lienzo está puesta al servicio más bien de la exaltación de la carne, el deseo, la feminidad y la ambivalencia del deseo sexual.

En 1908 Van Dongen expuso en la galería inaugurada por Daniel Henry Kahnweiler, quien le ayudó asimismo a exponer sus obras en Alemania, donde conoció a los pintores expresionistas alemanes del movimiento Die Brücke.


Exotismo
Sala 6


En el invierno de 1910-1911 Van Dongen viajó a España. Fue su primer contacto con la arquitectura mora, los palacios árabes y los minaretes de las mezquitas, el contraste entre las callejuelas sombrías y los muros encalados iluminados por el sol ardiente. Pero lo que atrajo a Van Dongen fue, sobre todo, los ojos de las andaluzas, el movimiento de los cuerpos de las bailaoras de flamenco con sus panderetas y ritmos endiablados, el colorido de los mantones de Manila con motivos floreados, todo lo cual puso en sus cuadros de esta época un toque «matissiano».

Esta parte de su obra, que lleva la impronta de sus viajes a países meridionales, apareció reunida, en junio de 1911, en su exposición de la galería Bernheim Jeune con el título: “Hollande, Paris, Espagne, Maroc”.

“Europeo o exótico, según le convenga ―escribía Apollinaire en 1913―, Van Dongen es personal y violentamente sensible al orientalismo. […] Esta pintura a menudo desprende un aroma a opio y ámbar”. Ese mismo año, Van Dongen viajó a Egipto y recorrió el Nilo hasta Tebas, donde posó en medio de las ruinas. El contacto con el Egipto de los faraones imprimió un giro a su obra, en la que destaca algo más que los temas y el colorido orientales. El artista retoma el dibujo para crear obras depuradas: aparecen trazos firmes y precisos, que a ratos recuerdan las caricaturas de sus inicios, y un lenguaje cromático basado en grandes superficies de color o monocromas.

En 1913, Van Dongen quiso poner el broche a este ciclo con una composición ambiciosa y provocadora: su Tableau o El chal español, obra de composición y descaradamente exhibicionista, que provocó tal escándalo que la policía ordenó retirarla del Salon d’Automne de ese año.

Los “années folles”
Sala 7


“El mundo es un gran jardín, todo él rebosante de flores, todo él lleno de malas hierbas. […] El atractivo de nuestra época es que permite mezclarlo y confundirlo todo: verdaderamente, es la época cóctel.” Son palabras de Van Dongen.

En 1912, el artista se trasladó a un taller de la calle Denfert-Rochereau, donde ofreció sus primeros famosos “bailes Van Dongen”. Autorretrato como Neptuno ilustra esta nueva y fugaz sociabilidad del pintor. Las siluetas femeninas se alargan y Van Dongen se transforma en el pintor por excelencia de la mujer de aspecto andrógino de los años de entreguerras, una mujer que, al liberarse de la tutela del marido, ocupa un lugar inédito en la sociedad. Gracias a su amistad con la marquesa Casati, figura excéntrica y célebre del París mundano de los années folles que aparece representada de espaldas en Pila con flores, y a su posterior relación con Jasmy Jacob, que en 1917 se convirtió en su compañera sentimental, Van Dongen se introdujo de lleno en los ambientes mundanos de la ciudad. Se mudó a la Villa Saïd, junto al Bois de Boulogne, y en 1922 se instaló en una lujosa mansión de la calle Juliette Lamber, que convirtió en un showroom consagrado a su obra. El rebelde de la colina de Montmartre se había transformado en una especie de Gran Gatsby. Proclive, como siempre, a la provocación, Van Dongen reconocía que se sentía atraído por “lo que brilla, el destello de las piedras preciosas, los visos tornasolados de las telas, las mujeres bellas que despiertan el deseo carnal […] y la pintura me brinda la más completa posibilidad de hacerme dueño de todo ello, porque a menudo lo que pinto es la realización obstinada de un sueño o una obsesión…” Édouard des Courrières, autor de la primera monografía sobre Van Dongen, publicada en 1925, prefiere destacar, por el contrario, una cierta distancia del artista, que hizo de él un moralista o un pintor historicista.


Kees Van Dongen i Barcelona
Vestíbulo - Text: Francesc Fontbona

El vacío informativo sobre Van Dongen en 1915-1916, debido sobre todo a la Primera Guerra Mundial, fue colmado parcialmente por la exposición individual del pintor en las Galeries Dalmau de Barcelona, del 26 de diciembre de 1915 a mediados de enero de 1916.

Van Dongen ya era conocido en Cataluña: entre otros, a él se habían referido Eugeni d'Ors, en el diario El Poble Català (19/8/1905), y Joan Sacs [Feliu Elias] ya le había dedicado un artículo en Revista Nova (4/7/1914).
Conocemos detalles de la exposición en la sala Dalmau por la prensa y también por un catálogo en forma de tarjeta que se conserva en la Biblioteca de Catalunya. Fueron mostradas siete obras de Van Dongen: Tanger, Vacances, Cousine, Le chrysanthème, Intérieur, Portrait de la Princesse Salomé Andreeif y Danseuse orientale.
Vell i Nou anunciaba (15/12/1915) al artista que "ha sabido interpretar con una dulce sonrisa el infierno del vicio y la perversidad de la vida en los bajos fondos de París", y La Veu de Catalunya recordaba (11/12/1915) "el lugar especialmente preeminente que ocupa entre las escuelas pictóricas más avanzadas".
La exposición fue bien recibida por L'Esquella de la Torratxa (14/1/1916) y la revista Themis, de Vilanova i la Geltrú (5/1/1916), donde J. F. Ràfols habló en detalle de Van Dongen, aunque no sin alguna reticencia de creyente excedido por lo artificioso del tipo de mujer, maquillada y frívola, retratado por el artista.
En Vell i Nou, Romà Jori escribió: "de la unión entre poetas simbolistas y pintores impresionistas nace esta pintura, que tiene en Van Dongen a uno de sus más sólidos representantes".

Josep Pla atestiguó que el éxito de público había sido considerable, y en 1960 le dedicó al pintor uno de sus "retratos de pasaporte". Asimismo, Pla recuerda que, según E. C. Ricart, la impresión que causó en Joan Miró fue enorme. Y afirma varias veces que la amistad entre Van Dongen y Dalmau era notable.